martes, 20 de enero de 2015

Rurouni Kenshin: Tres películas geniales, según quién las mire - El Mangazo de Manipuladora.



Para poder empezar a hablar de este tema, tengo que explicar un poco que mis experiencias con el drama japonés no son buenas. Todo tipo de ficción televisiva, sea de donde sea, tiene que tener algo característico que defina el gusto de su público. En el caso japonés, ellos tienen un amor particular por la comedia ridícula y los dramas que te dan ganas de ahorcarte con la correa del perro. Si bien esto no es un factor que me espante, tienen un método de actuación –en general- muy exagerada que nada tiene que envidiarle a las novelas mexicanas. Esas características de los japoneses tanto aman en cuanto a ficción, sumado a algunas malas experiencias con sus películas, fue lo que de a poco me fue creando un prejuicio que me espantó. Hasta que en el 2011 se anunció un live action de Ruroni Kenshin. Película que como yo, mucha gente esperó con ansias mezcladas con incertidumbre por saber qué gigante iban a crear ahora estos japoneses.


Nota: Creo poco necesario aclarar que esta nota puede contener spoilers de la historia del manga de Nobuhiro Watsuki. Si no conocés Rurouni Kenshin, aunque dudo que te interese ver estas películas en ese caso a menos que seas muy cinéfilo, esta nota no es para vos si sos de los que le espantan los spoilers. Por lo tanto, si todavía no leíste el manga, ¿qué estás esperando, hombre? Si lo leíste, pasá tranquilo pero con cuidado.

Ruroni Kenshin:  (2012)


La primera película estrenada en cines japoneses el 25 de Agosto de 2012 generó una buena respuesta entre los fanáticos y no es para menos.  La expectativa de un live action de Ruroni Kenshin nos puso a todas locas, nos acomodó en posiciones entregadoras y contamos los días del calendario en el que pudiéramos bajarlaverla.
Esta entrega titulada solamente “Rurouni Kenshin” narra los hechos del manga en los primeros cuatro tomos donde se nos presenta al vagabundo Kenshin, como el asesino del gobierno Meiji en la era Tokugawa.
Poco puedo agregar de la historia que no se sepa, más que en esta adaptación se prometió desde un principio que los hechos no iban a ser tal cual a los del manga. Estas modificaciones sentaron bien o mal según qué tipo de fan puritano seas. Muchos patalearon mientras que muchos quedamos embelesados por las buenas actuaciones y las espectaculares peleas. Sin olvidar la música, otro factor atrapante, que fue realizada por Naoki Sato, tipo que también lo pudimos “escuchar” en el anime de Eureka Seven, X y algunas temporadas de Precure entre otros.

 El cast fue lo mejor elegido posible.
Takeru Satoh quién realiza a Kenshin Himura, hace un trabajo espectacular manteniendo la características de Kenshin tanto en su personalidad alegre como la del Hitokiri Battosai en las dos películas siguientes. Y eso que Takeru fue cuestionado por una parte del fandom de Kenshin al ser muy joven para interpretarlo (25 años) mientras que la otra parte lo bancaba ya por su rol protagonista en la película Beck (basada en el manga de Harold Sakuishi que se estrenó en 2010), Rookies: Graduation (del manga de Morita Masanori) y sus trabajos en TV en Bloody Monday (del manga de Ryumon Ryo) y Kamen Rider.
Lo mismo pasa con Yosuke Eguchi, quién hace de Hajime Saito y a pesar de que te puede parecer algo “apuesto” en comparación para el Saito que recordamos del manga, su actitud e interpretación son exactas. Hasta la pose en la que se para es igual, no lo pueden negar.
Los roles interpretados por Yu Aoi (Megumi) y  Koji Kikawa (Jinei) están interpretados de una manera correcta pero nada que llame demasiado la atención en comparación al capo de Takeru o a Eguchi.
También hay que destacar Teruyuki Kagawa quién hace a Kanryu y le dio un lugar como villano que el manga no posee y lo interpretó brillantemente, destacándose por encima de Jinei, quién podría ser el “malo de la película” que muchos esperábamos ver pero quedó opacado por el laburo de Kagawa. Casi que te termina cayendo mejor el personaje de Kanryu sólo por él.
Otra mención especial es para Munetaka Aoki como Sanosuke Sagara que no da más de copado. Posta, no da más. En todas las películas lo interpretó de manera espectacular, con su violencia y gritos clásicos muy al estilo de Sano. Y si no te hizo reír por lo menos una vez, no entendés nada.

Todas las escenas de peleas están bien realizadas y ninguna parece demasiado forzada ni demasiado exagerada, factor importante para estar basado en un manga shounen donde las peleas no son de gente común con sus acrobacias imposibles y sus técnicas con nombres largos.
El guión puede estar bien adaptado según quién lo mire. La música, las escenas de peleas y los personajes están tan bien interpretados que hay que ser muy quisquilloso para odiar el film y encontrarle el defecto de las modificaciones ya que son muy evidentes y todos estábamos advertidos.
Una de ellas es que Saito entra mucho más temprano en las películas y nos quita de un manotazo una de las escenas más espectaculares del manga que es cuando se introduce en el dojo Kamiya como Goro Fujita trayendo a continuación una de las mejores peleas del manga.
Otro de los puntos que puede tomarse en contra, son las motivaciones y la manera de desarrollar que tiene el film al Oniwabanshu. Si bien en el manga no son personajes recurrentes, su introducción y su final son muy importantes para las futuras motivaciones de venganza de su líder y compañero, Aoshi Shinomori.
Personalmente tengo que agregar, que Jinei pasó desapercibido en la primera película. Se la pasa tomando mate en el fondito y llega muy al final a la fiesta. Igualmente, la escena con la que termina está muy bien representada y queda todo muy arriba.
Emi Takei, que hace de Kaoru Kamiya, es uno de los grandes desaciertos de la adaptación y se nota mucho más en las siguientes.  Su protagonismo es tan nulo que en momentos pasa completamente desapercibida. Incluso Megumi tiene más protagonismo que Kaoru, siendo ella la contraparte femenina de Kenshin y el personaje que muchos consideran, como el más insoportable del manga porque no se calla nunca. Lo mismo pasa con el personaje de Yahiko, que lo hace Taketo Tanaka, este chico hecho en la nueva era no tiene crecimiento alguno y sólo queda como el pibe ese negrito del dojo Kamiya que no hace nada. Dos grandes desaciertos siendo que ambos son protagonistas en el manga.
La primer película de Kenshin tuvo su versión comic con el título “Rurouni Kenshin: Tokuhitsuban” que se serializó en la Jump SQ y se recopiló en dos tomos el mismo año que se estrenó su versión en carne y hueso. El dibujo estuvo a cargo de Watsuki mientras que la historia muestra un breve pantallazo de la peli.

Ruroni Kenshin:  Kyoto Inferno (2014)


Rurouni Kenshin: Kyoto taika-hen (El gran fuego de Kyoto) se estrenó el año pasado el 1 de Agosto y es la primera parte de lo que compone “Kyoto Inferno”. Esta saga dividida en dos películas representa los hechos ocurridos en la Saga de Kyoto de los tomos 7 al 17 del manga.
La primera parte adapta muy bien la introducción de Makoto Shishio (intepretado por Tatsuya Fujiwara, que hace un Shishio muy bueno) como la mancha negra que el gobierno quiso borrar y la búsqueda de Kenshin por una vida en la que no tenga que matar.
Esta saga en el manga es muy compleja, ya de por sí es muy difícil tomarse todo el trabajo de unificarla en sólo cuatro horas y media. Sobretodo si querés mantener toda la acción posible para tener el público expectante y que no te vengan los freaks a criticar por algo que hizo un hechicero.

La primera entrega llega a relatar muy bien los hechos que llevan a Kenshin a encontrar una nueva Sakabatou y su encuentro con Misao Makimachi (Tao Tsuchiya).  El camino de desastre que va dejando Makoto Shishio mientras intenta de hacerse con el poder y el primer enfrentamiento con Soujiro Seta (Ryonosuke Kamiki) deben ser de las mejores partes de la película.
Tiene algunos toques muy telenoveleros como Kaoru siendo secuestrada muy a lo Lois Lane y Kenshin corriendo tras de ella arriba de un caballo como si de Catriel se tratara. El toque de novela, que en sí no queda mal, dejaría de lado el reencuentro de Kenshin y Kaoru en la casa de su maestro Seijuro Hiko, y la molestia de Kenshin de que Kaoru haya decidido seguirlo a Kyoto. Cero desarrollo romántico y personal.
Ryosuke Myura hace de Cho, el coleccionista de espadas que quiere el último trabajo de Arai Shakku antes de morir y es el primero (aparte de Soijiro, claro) que va tras Kenshin cuando se entera que está en Kyoto.
Uno de los grandes defectos (no sé si el único) de este film es la pasividad de Kaoru ante TODO. No sólo se queda lo más pancha mirando sus calzones en el tendedero cuando Kenshin decide abandonarla para volver a matar, sino que además no emite opinión alguna en ningún momento.  Prácticamente los dos ni interactúan. No le grita a Kenshin por nada, ni siquiera se da lugar a una queja. Una decepción total. Igualmente, más allá de esto, la película brilla tanto como la primera y las peleas te hacen olvidarte de todo.

En cambio, de la segunda entrega “Rurouni Kenshin: Densestu no saigo-hen (La leyenda termina)” que se estrenó en Japón el 13 de Septiembre del mismo año, no puedo decir lo mismo.
Esta película provoca emociones encontradas. Antes dije que hay que ser muy puritano para centrarte sólo en los errores e ignorar las buenas actuaciones y peleas. En esta película hubo un equilibrio entre las dos cosas, para bien o para mal. Cada uno puede decidir que le pesa más al final.
Uno de los puntos principales que se modificó es que el film terminó íntegramente basándose en un hecho político que está bien que una parte de la historia sea sobre eso, pero esto modificó el trasfondo de los personajes y a muchos los dejó de lado.
El mejor  ejemplo de esto es el Juppongatana. No creo ser la única persona que cuando escuchó sobre una adaptación del arco de Kyoto esperaba ver al Juppongatana en todo su esplendor y unas peleas que te hagan caer de la silla como veníamos observando en la primera y segunda película.  Más aún después de haber conocido a Cho y a Soujiro en el primer film de Kyoto, que tuvieron tiempo hasta de doblarse las medias de la cantidad de minutos en escena que les dieron. Pero en este, todo esto estuvo ausente.
Obviamente no había tiempo para explorar el pasado de cada uno pero, personajes como Henya, Kamatari (KAMATARI, BOLÓ. DEJARON AFUERA A KAMATARI!!) y Saizuchi prácticamente no existieron. Fuji, el gigante que no podía ser gigante por obvias razones cinematográficas, aparece dos segundos, dice algo de lo que no se le entiende nada y después perece sin dejar rastro.  Hasta un soldado random del gobierno tiene más diálogo que estos cuatro juntos y creo que hasta otro se dio el lujo de decir “¡Viva Perón!” o algo parecido antes de morir.
 


En el manga, Henya protagoniza y da lugar a una de las peleas más importantes en el progreso de Yahiko, pero esto quedó afuera así como cualquier tipo de crecimiento o diálogo que hubiera para el nenito este. Usui, el hombre acobardado por la fortaleza de Shishio, tiene un momento breve de poca gloria en un enfrentamiento más del montón ante a Saito.
Los únicos dos personajes que podemos decir que destacaron fueron Soujiro Seta, que tuvo sus peleas correspondientes y un breve pantallazo de su incógnita sobre quién tenía razón y Hoji Sadojima, que es el único personaje del Juppongatana que podemos ver al 100%, esto en parte a la genial interpretación de Kenichi Takito que se pasó de desagradable y copado. Otro capo para recordar.
También Yumi Komagata tuvo su aparición e interpretación correspondiente gracias a la bella Maryjun Takahashi, y junto a ella, sólo unos pocos suertudos pueden tener parte de su pasado comentado por Anji (Tomomi Maruyama) medio a las corridas y de paso.


El antes mencionado Fuji comparte en el manga una pelea genial cuando el maestro de Kenshin, Seijuro Hiko (Masaharu Fukuyama), decide ayudar a su estúpido discípulo. Esto quedó ausente en la película así como el impacto final del proceso de Kenshin por aprender el ougi de su escuela. Nunca vemos que la técnica, Amakakeru Ryü no Hirameki, tenga el mismo destino sobre Hiko como pasó en el manga. Esto personalmente, me generó poca presencia e hizo aire de la técnica definitiva del Hiten Mitsurugi-ryü.
Otro de los factores que me parece que quedaron afuera del manga, es el anonimato de Makoto Shishio y el Hitokiri Battosai, en la película se llama mucho la atención tanto como con una ejecución pública como muchas peleas en el centro de todo el mundo.  Para ser dos asesinos legendarios que vivieron en las sombras, hicieron mucho ruido. Y hubieron un par de escenas que estuvieron demás y que no tienen motivo alguno (Kenshin volviendo a Tokyo para mirar el dojo un rato (¿?)).
Además de Kaoru siendo pasiva y Yahiko no existiendo, Aoshi Shinomori (Yusuke Iseya) recupera un poco su esencia como personaje en esta película, tal como es la escena con Okina (Min Tanaka), dejando de lado su introducción medio floja de la anterior donde no queda claro por qué lo odia tanto a Kenshin. Todo esto resultado de las modificaciones que se le hicieron al Oniwabanshu en la primer parte de la trilogía. Ni hablar de que no queda claro por qué decide ayudarlo al final, ya que en esta adaptación no tiene ninguna conexión con Shishio. Y es más, me sale lo minitah cuando digo que no podía elegir un chino más fulero para Aoshi pero bueno, eso no es importante para nada. Creo.
Con motivo de celebración de las dos últimas películas, Watsuki largó dos mangas más en la JUMP SQ con el nombre de “Aku no Kioku”, donde nos cuenta un poco como Shishio invocó al Juppongatana y su relación con Yumi. A diferencia de “Tokuhitsuban”, este manga sí tendría relación con la historial original del vagabundo.
La dirección de las tres películas estuvo a cargo de Keishi Otomo y fue producto de Warnes Bros. (Japón, claro). One OK Rock, la banda que tocará este  1° de Febrero en el Teatro Vorterix, fue la encargada de hacer los temas promocionales de cada film.

En resumen, las tres películas componen una bella trilogía. Son todas muy recomendables y no creo que los fans de Kenshin hayan quedado disconformes en general.  Japón en los últimos años ha demostrado que las adaptaciones con personas reales de los mangas son definitivamente cosa de ellos. Ya sea con Beck, con Death Note o con Kenshin. Mejor dejémosle a Japón que se siga ocupando de lo suyo que lo hace bastante bien, ¿no Hollywood?
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