jueves, 13 de diciembre de 2012

Ivrea: un lazer en la frente - La Columna de Logan.



Mi nombre es Matías Depettris. En la web hubo años que usé el Nick de Logan, o Logan San (el motivo por el cual estas reseñas están agrupadas de esta manera), y en la vida real, además, me han llamado o me llaman Mati o Chaco (?). Tengo 35 años y soy diseñador gráfico, y actualmente, y desde hace casi 6 años, vivo en Capital Federal. Quiero que quede más que claro quién soy, para que no existan confusiones, porque la claridad y la verdad van a ser la columna vertebral de esta reseña.


Hace 2 años y monedas la editorial Ivrea, encargada de publicar en nuestro país (Argentina) mangas como Bleach, Evangelion, Dragon Ball o Saint Seiya, se vio en la necesidad de hacer una re-estructuración, y en la misma se deshizo de algunos empleados. No existiría motivo para escribir algo al respecto si no fuera porque el despido de estos se hizo de la peor manera posible, en los peores términos, y sumado a eso ninguno de los mismos fue indemnizado al día de hoy, como dicta la Ley de Contrato de Trabajo que rige en este país. Al respecto, quiero que quede claro que en este tema no hay dos voces, no existen dos versiones de los hechos, no hay grises, rotundamente no. Hay blancos y negros -más negros que blancos, por supuesto-, pero las cosas se dieron como lo voy a describir, ni más ni menos. Hay víctimas y hay responsables de que las mismas existan, los cuales pienso mencionar con nombre y apellido, porque aquellos que consumimos historieta merecemos saber la manera en la que se manejan con la gente que trabaja y ha trabajado para ellos algunos empresarios y editores que diagraman, publican y venden el material que consumimos. Además me siento en la obligación de hacerlo porque yo soy un ex empleado de Ivrea, y aquellos que fueron afectados por esta guachada son ex compañeros míos, y nunca tuvieron la oportunidad de contar su versión de los hechos, y fueron agraviados más de una vez públicamente por los responsables de que al día de hoy aún no hayan visto un solo peso de esta situación. También voy a especular sobre el porqué de esta situación, pero dejaré bien en claro cuando ello suceda. Separaré los hechos de las especulaciones, para que a nadie le quede duda y nadie pueda quejarse por haber sido agraviado… porque a diferencia del dueño de Ivrea, Leandro Oberto, que con muchísima facilidad calumnia e injuria a ex empleados, a la competencia e incluso a colegas editores que, como él, intentan llevar adelante una empresa dentro de este medio, mi intención es exponer los hechos sin agredir a nadie, presentarlos para que ustedes, los lectores y consumidores de este mundillo, saquen sus propias conclusiones. Pido desde ya disculpas por la extensión del texto que viene a continuación, pero intenté ser lo más conciso y directo posible sin dejar ningún detalle afuera.

La Fiesta Menemista - HECHOS

Antes de ir al hecho en cuestión voy a ponerlos en contexto contándoles brevemente como es (o como era) trabajar en Ivrea. Hubo una época en la que la revista Lazer, publicada por esta editorial, servía un poco como una vidriera de cómo trabajaban y convivían aquellos que llevaban adelante esta editorial. A través de la misma los lectores (yo incluido) nos hacíamos una idea de que pocos trabajos podían llegar a ser más gratos que formar parte de ese grupo tan piola, copado y lleno de buena onda que veíamos en las páginas de dicha revista. Podría decir que nada más lejos de la realidad, pero lo cierto es que en los buenos días el ambiente de trabajo era muy agradable, y más allá de algunos roces entre compañeros o un par de días a la semana donde los problemas que soportaba la editorial contagiaban el clima laboral y generaban un silencio sepulcral, el día a día era llevadero. Sin embargo, para ser la empresa “seria” que Ivrea quiere transmitir que es a sus lectores, por debajo de la mesa se manejaban algunas cuestiones de forma más que leonina. Y estas cosas entran dentro de la categoría de hechos. Se trabajaba de lunes a viernes, ocho horas por día como dicta la Ley de Contrato de Trabajo, el horario de entrada estaba previsto entre las 9:00 y las 9:30 hs de la mañana (no existía una imposición fuerte acerca de la “puntualidad” del horario de entrada dado que los empleados responsables de habilitar las oficinas tampoco se presentaban puntualmente a las 9:00 hs todos los días), con una pausa de una hora entre las 13:00 y las 14:00 hs para almorzar, pudiendo uno como empleado retirarse entre las 18:00 y las 18:30 hs. Hasta aquí todo perfecto… sin embargo existía el temita de las horas suplementarias, mejor conocidas como horas extras. Si llegaban las 18:30 hs y existía laburo pendiente, la norma era terminar el mismo y luego retirarse. Y esta situación no se daba excepcionalmente: sucedía no menos de 2 o 3 días a la semana. Y muchas veces la jornada se extendía una, y hasta dos horas más, para varios de los empleados. En la liquidación mensual del sueldo esas horas extras jamás figuraban, dado que nadie las contabilizaba. Nobleza obliga, debo aclarar que aquellos encargados de la producción en Ivrea, los que aún al día de hoy siguen siendo empleados de esta editorial, eran los que más horas extras hacían. Llamarlas horas extras de todos modos es una falacia, ya que las mismas no eran remuneradas. Esto, cada uno de nosotros, los empleados, lo tomábamos como un ponernos la camiseta de la empresa, mal que le pese a Oberto, ¿no? Tampoco teníamos demasiado margen para movernos dentro de ese tema, era lo que se tenía que hacer. La bajada venía de arriba y había que acatarla o… siempre estaba la opción de renunciar, por supuesto. Que quizás esto sea una práctica habitual en muchas empresas no lo hace menos digno de mencionar, por supuesto que no, y le guste a quien le guste forma parte de la explotación de un empleado.

Sumado a eso estaba el tema de cómo Ivrea abonada el salario anual complementario -mejor conocido como aguinaldo- a sus empleados: en Argentina, la Ley de Contrato de Trabajo establece en su artículo 122 que el mismo debe pagarse en dos cuotas, al 30 de junio y al 31 de diciembre, permitiendo que el empleador se exceda hasta cuatro días hábiles de esta fecha para abonarlo. La Ley también dicta que el sueldo anual complementario "será pagado sobre el cálculo del 50% de la mayor remuneración mensual devengada por todo concepto dentro de los semestres que culminan en junio y diciembre de cada año". Nada de esto sucedía en Ivrea: el aguinaldo se pagaba en doce (12) cuotas todos los meses, una por mes (?). Cobrar el “aguinaldo” en Ivrea era algo así como cobrar todos los meses un plus equivalente a la doceava parte de un sueldo, y nada más. Los desafío a que busquen en la web esta modalidad de pago del aguinaldo… si tienen ganas, tiempo y dedicación es probable que la encuentren. ¿Por qué se pagaba de esta manera? La respuesta es sencilla y obvia: no solo con esto Ivrea se ahorraba de tener que depositar en las cuentas de sus empleados dos veces por año una monto extra al de los sueldos, mismo que inevitablemente necesitas prever con meses de anticipación si los números de la empresa están ajustados, sino que además pagándolo de esta manera le ganas, por ejemplo, a la inflación. Porque estas cuotas se calculaban una vez por año, por supuesto, y una vez calculadas si al año siguiente la inflación te exige que hagas un ajuste en los sueldos antes de que finalice el primer semestre del año, el mismo no va a afectar la cuota del “aguinaldo”. Tengo los recibos de sueldo que demuestran fehacientemente que eso sucedió el año que yo trabajé ahí dentro. Hilando fino y siguiendo con los números, es necesario señalar que, además, al menos en lo que se refiere a los empleados que trabajaban en la redacción o en el departamento de diseño gráfico, cobrábamos el mínimo que la Ley exigía, ni un centavo más.

Ya en el campo de las especulaciones, analizando estos datos uno podía tener idea del tipo de empresa que era (es, quizás) Ivrea y de cómo se la llevaba adelante. Que no se paguen las muchas horas extras que cada empleado tenía, que se pague el sueldo mínimo y que se busque un camino lateral para el pago de los aguinaldos habla no solo de un empresario (en este caso Leandro Oberto) total y absolutamente desconsiderado hacia la gente que trabaja para él, habla también de una pésima administración de la misma. Exigirles a los empleados que trabajen gratis (es eso lo que les estás pidiendo cuando los haces trabajar horas que nunca son remuneradas) en una empresa que recién empieza es, de alguna manera, un pedido de apoyo para un proyecto nuevo que está comenzando a crecer y que necesita la ayuda de todos para subir… exigirle lo mismo a tus empleados en una empresa que ya tiene 15 años es explotarlos, ni más ni menos.

Crisis Nipona - HECHOS

Nadie labura gratis, y cuando la gente con la que hacés negocios huele falta de dinero en una empresa, no sólo te da la espalda sino que también tratan de aplastarte como a una cucaracha (salvo unos pocos leales a quienes agradecemos haber permanecido contra viento y marea).

…Reorganizamos toda la empresa para ser mas ágiles, menos burocráticos, más eficientes y preparados para afrontar el vivir en un mercado que es más pequeño de lo que fue, pero al cuál conocemos con extremo detalle.

Leandro Oberto dixit, Lunes, 10 de enero del 2011.

Voy a contarles en que consistió esa reorganización de Ivrea de la que habla Oberto. Voy a detallar que sucedió durante el año 2010 y los primeros meses del 2011, y las consecuencias de todo esto para muchos de sus empleados, sin incluir ninguna especulación, contando solo los HECHOS, para luego, finalizando la reseña, teorizar sobre los posibles motivos que llevaron a Oberto, Marina Fornaguera y al resto de los responsables de esta editorial a tomar las decisiones que concluyeron en el despido de muchos de sus empleados. Primero me parece meritorio hacer algunas aclaraciones respecto del organigrama de Ivrea esos años: Leandro Oberto, por supuesto, es el co-fundador y dueño de la editorial, y máximo responsable de todo este desastre. Co-fundador porque la creó con su socio, Pablo Ruiz, quien lamentablemente ya no se encuentra entre nosotros. La viuda de Ruiz, Marina Fornaguera, heredó la parte de la empresa que le correspondía a su marido, y en el 2010 estaba a cargo de la filial argentina. Esto, por supuesto, es solo un tecnicismo: si bien Marina tomaba decisiones, prácticamente la totalidad de las mismas eran consultadas con Oberto, y muchas de las veces que actuaba por su cuenta tenía que retractarse si Leandro decidía lo contrario. Y esto tampoco es una especulación, fui testigo de esa situación con mis propios ojos. Marina en esa época vivía en Argentina, Oberto en España. Luego está Javier Heredia, mano derecha de Oberto y encargado de la producción general, y otro integrante del equipo digno de mencionar es Pablo Broqua, quien estaba más apegado a la producción de los Mangas en particular. Hablo en pasado porque esas eran sus funciones en esos años, desconozco si sigue siendo así en el presente. Hay otros involucrados pero no son meritorios de ser mencionados dado que no tomaban decisiones importantes y probablemente desconocían la situación por la que estaba pasando la empresa en su totalidad.

Yo entré a Ivrea en agosto del 2008, y fui despedido el 14 de diciembre del 2009, casi un año antes de la gran debacle. Mi función dentro de la misma era la de escanear aquellos mangas que no se podían conseguir en formato digital para que luego el departamento de diseño gráfico comenzara a trabajar sobre ellos, y realizar también labores de diseño si era necesario. Era algo así como un Joker que podían usar para lo que fuera, digamos, ya que también realizaba tareas propias de un cadete (llevando Mangas a fotocopiar o yendo a comprar cosas que se necesitaban en las oficinas) y un par de veces incluso colaboré con el departamento de redacción en la supervisión y corrección de las impresiones previas de los Mangas antes de ser enviados a la imprenta. Fui el último empleado en entrar y el primero en irme cuando las papas quemaban, pero mi despido se hizo en términos legales, razón por la cual desde mi lado no tengo absolutamente nada que criticar a la editorial. Me pagaron la indemnización correspondiente a mi despido, de hecho cuando me comunicaron que ya no requerían de mis servicios me puse en contacto con un contador para calcular el número que deberían pagarme y sorpresivamente Ivrea me depositó $115 por encima de lo que habíamos calculado. Al partir de Ivrea, entonces, no guardaba rencor en absoluto ni hacia la empresa ni hacia mis ex jefes: entendía perfectamente que la situación era complicada y que necesitaban a toda costa reducir los costos mensuales, así que me fui en excelentes términos.

En ese momento Ivrea tenía sus oficinas en un edificio ubicado en el barrio de Palermo, a unas cuadras de Plaza Italia. Eran 3 oficinas, dos en el piso nueve y una en el octavo piso. Las dos oficinas contiguas estaban comunicadas, y en las mismas estaba distribuido todo el equipo de redacción y diseño, mas los encargados de la producción: Broqua y Heredia. En el octavo piso estaba ubicada la oficina de Marina. Un tiempo después de mi partida, apenas entrados en el 2010, dejaron de alquilar la oficina del octavo piso, hicieron magia y se re agruparon todos en las dos oficinas del noveno piso. Segundo indicio de que la situación no mejoraba. El tercer indicio se dio cuando el alquiler de esas oficinas comenzó a ser imposible de sostener, razón por la cual promediando la mitad del 2010, y aprovechando la buena relación que Ivrea tenía con la distribuidora La Revistería (en ese entonces solo eran distribuidores, aún no tenían las comiquerías que hoy ostentan ubicadas en las avenidas Corrientes y Juramento) y además haciendo uso de una deuda que existía entre esta distribuidora e Ivrea (a favor de la segunda), improvisaron unas oficinas en el depósito de La Revistería, ubicado en la zona de Martinez-San Isidro, cerca del Unicenter. Estuvieron ahí un tiempo, corto, pero siempre existieron roces entre los empleados de ambas empresas, que de la noche a la mañana tuvieron que comenzar a convivir en el mismo ámbito. Unos se sentían unos intrusos sin privacidad ni lugar propio (la gente de Ivrea), y los otros colaboraban para que ese sentimiento se incrementara cada día. Cuando la situación no dio para más, Ivrea vuelve a mudarse, esta vez a los depósitos de la editorial, en Parque Patricios. Las condiciones de trabajo ahí eran casi insostenibles: el lugar estaba lejos de ser limpio, tenía el baño alejado casi una cuadra en el exterior del depósito, requería de, mínimo, una fumigación que al parecer nunca se dio, y la zona en la que estaban ubicados, además, distaba de ser segura. Llegando casi a fines del 2010, dos empleados del Departamento de Diseño Gráfico habían renunciado, pero así y todo los costos de la mano de obra sumado a las bajas ventas seguían creando malestar en quienes manejaban Ivrea. Lo que para algunos era una sospecha, para otros era ya evidente: la empresa se iba a pique… quizás por ese motivo algunas habían renunciado y otros estaban pensando en seguir ese camino. Llegamos al mes de noviembre, el mes bisagra. Entre el 19 y el 21 de ese mes se celebró la exposición denominada Animate!, e Ivrea tenía un Stand en la misma. Una semana antes aparece Marina por las oficinas anunciando que la imprenta con la cual trabajaban, misma a la que le debía mucha plata, los había “embargado”, razón por la cual tenían que esconder todas las computadoras y el resto de los equipos necesarios para trabajar, porque de lo contrario se corría el riesgo de que dicha imprenta tomara posesión de los mismos. Dada esta situación no se iba a requerir de la presencia de ninguno de los empleados durante esa semana. En medio de un clima de incertidumbre mientras observaban atónitos cómo se desconectaban los equipos y se los subía a una camioneta, comenzaron a llover las preguntas dirigidas a Marina: ya estaban casi a mediados de noviembre y nadie había cobrado octubre, así que una de las primeras fue por ese lado, la respuesta que recibieron es que sí, que obviamente se les iba a depositar el mes anterior lo antes posible, que no se preocuparan. El siguiente fin de semana tenían la Animate!, por lo cual algunos de los empleados fueron requeridos para trabajar en la misma, previa promesa de que, por supuesto, también se les pagarían esos días. Lo que sucedería con el pago del mes de noviembre era algo para lo que ni Marina ni Javier Heredia tenían una respuesta.

Como podrán imaginar, no apareció un solo centavo. De nada, en pago por absolutamente ninguna de estas instancias. Nada, nothing, zero, zilch. Un par de empleados fueron a trabajar a la Animate! y vieron las muy buenas ventas que se dieron en la misma… lo que no vieron fue aunque mas no sea un centavo por esa labor. Posterior a ese evento comenzaba la segunda semana de “desempleo”, y ninguno de los dependientes era convocado para retornar a las instalaciones de Ivrea en Parque Patricios, o donde fuere… pero tampoco se los “despedía”, por supuesto. ¿Por qué no se los despedía formalmente, como indica la Ley? Una vez más, por un clásico tecnicismo que todo empresario corrupto conoce de manual: la ausencia injustificada durante cierta cantidad de tiempo puede ser causal de despido sin goce de indemnización. Algunos de los empleados (ya a esta altura podemos hablar de ellos como ex empleados) tomaron conocimiento de esto e intentaron ponerse en contacto, sin éxito, con Marina Fornaguera, en busca de una respuesta, y ante la incertidumbre actuaron en consecuencia y mandaron una carta documento a Ivrea intimando a la editorial a que efectivice el despido y cumpla con las obligaciones contractuales correspondientes, ergo: pague la indemnización. Cabe aclarar que alguno de los empleados en esta situación tenían entre 3 y 10 años de experiencia, razón por la cual el monto de dicha indemnización era considerable, ¿no? Eran seis los empleados en esta situación. Paralelo a esto les cayó encima otra sorpresa: cuando comenzaron a ponerse al tanto de la situación laboral de cada uno recibieron la noticia de parte del ANSES de que editorial Ivrea no había efectuado los pagos del aporte jubilatorio de dichos empleados en los últimos siete (7) meses. Precioso. No solo los estaban despidiendo sin intención alguna de pagarles una indemnización sino que desde hace siete meses Ivrea les estaba robando los aportes.

Hagamos unas cuentas rápidas entonces: no cobraron el mes de octubre del 2010 ni los pocos días que trabajaron en noviembre de ese año, aquellos que trabajaron en la Animate! tampoco cobraron esos días, tenían 7 meses de aporte que Ivrea no les había depositado en el ANSES y tampoco iban a cobrar una indemnización por el despido.

Aquí las aguas se dividen, refiriéndome al camino que cada empleado tomó en relación con cómo iba a manejar su situación con Ivrea. Algunos enviaron cartas documentos y ante la negativa de respuesta comenzaron con los juicios correspondientes, mismos que siguen su curso al día de hoy. Otros lograron ponerse, finalmente, en contacto con Marina Fornaguera, y fueron convencidos de desistir de seguir este camino legal ante la promesa de una mínima suma de dinero, muy por debajo de la que correspondía, por supuesto. Dicha suma al día de hoy sigue sin aparecer. De hecho en este momento Marina Fornaguera está prófuga para la justicia argentina, no tiene domicilio legal declarado y nadie sabe a ciencia cierta que es de su vida… y los que lo saben, lo callan. El otro gran –pero silencioso- participe de esta estafa es, por supuesto, Leandro Oberto, que desde España articuló las cosas para caer, una vez más, parado: por un lado cortó vínculo alguno y obstruyó cualquier tipo de vía de comunicación con sus ex empleados desde ese momento, y por el otro realizó todos estos extraños movimientos que tuvo Ivrea a fines del 2010 y principios del 2011, que él mismo se encargó de explicar, y que no tuvieron otro objetivo más que poder huir de la deuda que su empresa tiene con esta imprenta y también –por supuesto- de poder gambetear las deudas con sus ex empleados, esas basuras que apenas olieron la falta de dinero le dieron la espalda y trataron de aplastarlo como a una cucaracha.

Cosecharas tu Siembra – ESPECULACIONES

Sé que fue largo, queridos lectores, pero creo que valió la pena. Y falta poco para el final, aguanten.

Entremos a escarbar en los meses previos a todo esto, para poder así conjeturar que fue lo que sucedió. Aquel que conoce esta editorial –Ivrea- desde hace años, que es lector de su material o bien sabe de su existencia porque está inmerso en el medio –la historieta-, sabe que la misma tuvo uno de los golpes más grandes en julio del 2009 cuando salió a la venta el último número de la revista insignia de Oberto y su empresa: la Lazer. Tengamos presente, entonces, que a mí me despidieron ese mismo año, en diciembre, y que se deshicieron de otros seis empleados un año y medio después. Lazer y su cierre entonces fueron claramente un punto de inflexión. Y los números seguramente acompañan esta teoría: la Lazer era la revista que mas vendía de la editorial, en el último tiempo comenzó a salir a rajatabla todos los meses sin excepción (a diferencia de algunos Mangas que comenzaban con cierta regularidad y luego se discontinuaban), para llevar adelante la misma solo se requería de los empleados que ya forman parte del personal de planta de la editorial y un puñado de colaboradores freelancers a los que se les pagaba migajas, no había que pagar derechos para sacarla y encima -ambas cosas en contraposición de los Mangas-, se podía poner publicidad en su interior. Al lado del Manga con mejores ventas de Ivrea, Lazer le pateaba el culo con las dos manos atadas en la espalda, porque era generadora de excelentes ventas, no costaba nada sacarla y encima entraba plata por los auspiciantes: win-win. Aquel que está más o menos informado del cómo se dio el cierre de la misma a través de la versión “oficial” (un anuncio público de Oberto) tiene una idea muy cercana de lo que en realidad sucedió, la verdad es que no hay mucho más que agregar al respecto pero para poder darle un marco a esta parte rápidamente cuento lo que pasó: Oberto hacía meses sabía del malestar que algunos editores japoneses tenían con la publicación de Lazer, y se había resistido a los constantes pedidos de que la misma deje de ser publicada, hasta que una reunión en Capital Federal (para la cual Leandro viajó desde España) con editores japoneses de Shueisha (Nana) y Shogakukan/Viz Media (Dragon Ball, Bleach) termina pudriendo todo: antes de la llegada de dichos editores Oberto a través de sus empleados en Argentina ordenó que se retiraran de los kioscos y comiquerías absolutamente todos los ejemplares de Lazer, ya que estos editores también iban a reunirse con gente de Larp, la competencia de Ivrea, y era menester que no se cruzaran con un número de esta publicación para no agitar las aguas. En una reunión en las oficinas de Ivrea uno de estos editores pela un ejemplar de Lazer ante la mirada atónita de Oberto y su gente, y comienzan, una vez más, diálogos con un tono un poco elevado, casi bordeando la discusión. Esa reunión, entonces, marcó un Point of no Return desde el cual el cierre de Lazer se tornó inevitable.

Describí esto porque quiero detenerme en un punto que en parte sirve como ejemplo para toda una trayectoria de Leandro como empresario, ¿no? A nadie le gusta perder la gallina de los huevos de oro, por supuesto que no –mucho menos a Oberto, eso está claro-, pero hacía meses se veía venir este desenlace. En vez de actuar en consecuencia y comenzar a preparar la empresa para reemplazar esa Gallina por otra cosa, Leandro prefiere morir de pie (?) y sostener lo insostenible hasta las últimas consecuencias, sin importar si eso requiere mentir o engañar a la gente que, de alguna manera, le está dando de comer. No hay códigos con los editores ponjas ni previsión de ningún tipo para el futuro de Ivrea: vamos avanzando a tontas y locas.

Y a tontas y locas parecía que Ivrea se manejaba en muchos aspectos. Yo fui empleado de ellos, estuve ahí dentro trabajando más de un año, codo a codo con Juani, Javier y Pablo Broqua. Y tuve que soportar casi semanalmente la ineptitud de mis jefes en sus labores, porque ni yo ni el resto de los que cumplíamos esas “horas extras” gratuitas deberíamos haberlo hecho si la labor de producción se hiciera de forma correcta y ajustada. Si existía una supuestamente precisa y muy bien diagramada cadena de labores en la cual se adquiría la licencia de un título, se conseguía de alguna manera el material para poder trabajarlo digitalmente y paralelo a eso se disponía de una copia a los traductores para que comenzaran su laburo, para luego poder recibir esos guiones y que fueran revisados por el departamento de redacción de Ivrea en tiempo y forma, y luego derivarlos al departamento de diseño para que, con los guiones ya corregidos en mano, se pueda comenzar a trabajar sobre los Mangas digitales que ya era de creer se disponía, y así poder finalmente cerrar cada tomo y enviarlo a la imprenta, si todo esto se daba en tiempo y forma, nadie tendría porque laburar demás. Por un motivo u otro eso pocas veces sucedía, y las excusas llovían por todos lados, cuando no las acusaciones cruzadas entre los mismos jefes, todos por supuesto disparando munición siempre hacia cualquier lado menos hacia arriba, aún cuando algunas veces era evidente que el culpable del percance chateaba con ellos por Skype desde España.

Y va más allá. Les hago una pregunta: ¿conocían Dragon Ball antes de que Ivrea la publicara en Argentina? Ajá, ¿y de donde la conocían? ¿De la televisión? Wow… increíble. Y, supongamos que ustedes de repente son editores de Manga en este país, y tiene la posibilidad de publicar una serie como esta, y desde Japón les exigen una cifra mínima de ventas que quizás no logren, a menos que la promocionen como es debido, ¿no? ¿Cual, entonces, es el mejor medio para promocionarla, el idóneo? ¿La Lazer, otros mangas de la editorial? Sí y sí, pero además… ¿Cuál otro? ¿La o las página/s de Ivrea? Sí, pero además… hay que salir del circuito de uno, abrirse, hay que capturar futuros lectores que nunca en su vida hayan agarrado un manga… ¡Es Dragon Ball, loco! Sí, bueno… no. Eso que están pensando nunca sucedió. Convengamos, eso sí, que una pauta publicitaria en la T.V., aun cuando fuera un canal con un target para adolescentes o niños, no debe ser barata, pero la publicidad es así: es un costo que uno asume en pos de un beneficio a futuro que se verá reflejado en ventas, no tengo que explicar eso a nadie, estimo. Y si una cadena de heladerías o una juguetería con apenas 5 locales en Capital Federal puede tener una pauta publicitaria en horario prime time en un canal de cable… creo que Ivrea también podría tenerla. O quizás podríamos bajar dos escalones en el presupuesto, seguir en la gráfica pero ir con pautas publicitarias en otras publicaciones, en el diario Clarín o en Página 12, que son dos diarios historieta-friendly de hecho, o en la VIVA del Domingo, o en revistas como La Mano, la Rolling Stone, en Los Inrockuptibles, incluso en la revista Veintres o la Noticias, que no por tener un perfil claramente político-económico y de actualidad están exentas de llegar a futuros lectores de un Manga como Dragon Ball. Yo mismo leo este tipo de revistas y además consumo Mangas e historieta Argentina, Europea y Yanquie. ¿Soy un bicho raro, una anomalía del sistema, una excepción? No: soy, cada vez más, la norma. Nada. La inversión en publicidad es un concepto que Oberto no maneja ni manejó. Así dirige su editorial… y de todos modos a él al menos tan mal no le va, así que tan equivocado no debe estar, ¿no?

El Final es en donde partí - Conclusión

Ahora es el momento en el que ustedes comienzan a sacar sus conclusiones, pero antes de que lleguen a las mismas permítanme darles un punto de referencia: la manera en la que se manejó Leandro Oberto con sus empleados (ahora ex empleados), aun teniendo a su empresa en una supuesta crisis (y permítanme dudar de la gravedad de la misma dado que al día de hoy, dos años después, siguen publicando Mangas), ¿es la forma en la que se maneja un empresario honesto, laburador y comprometido con su empresa y con su gente? ¿O es el clásico accionar que tiene ese perfil de empresario corrupto, garca y egoísta que nos cansamos de putear los que pertenecemos a la clase trabajadora? ¿Y los empleados que se vieron afectado por esto? ¿Alguien cree que, dado como se dieron las cosas, alguno de ellos tuvo un accionar impropio, equivocado, e incluso intentó armar algún tipo de jugarreta para poder sacarle unos mangos extras por izquierda a una empresa que se estaba yendo a pique? ¿O solo hicieron lo único que podían hacer dada la sucesión de eventos desafortunados y exigieron –y exigen- lo que les corresponde? ¿Se denota en estos ex empleados un accionar que podría calificarse como traicionero, desleal? ¿De qué es, esta vez, en este caso puntual, una vez más VÍCTIMA, Leandro Oberto, como se cansó y se sigue cansando de presentarse cada vez que tiene que dar explicaciones por algún retraso en la salida de un Manga, algún cambio de formato, alguna cancelación de algún título, algún aumento en el precio de tapa…? Viviendo allá en España una vida holgada y llena de comodidades como no la tiene ningún dueño acá en Argentina de una editorial que solo publique historietas, esta vez, ¿de qué manera puede justificar lo que sucedió esos meses, y como puede él presentarse, una vez más, como un damnificado de los hechos? ¿Con que autoridad moral Oberto puede señalar el accionar que tuvo o tiene la competencia con su empresa, e incluso acusar a otros editores del medio de acciones turbias para poder subsanar ciertas irregularidades de la economía actual de Argentina -como hizo hace solo un par de días-, cuando él y su empresa tuvieron el peor de los manejos con sus propios empleados? Lo que Oberto debería hacer en este caso, además de por supuesto pagar de una vez por todas la plata que le debe a sus ex empleados, es CALLARSE LA BOCA. Por supuesto que para él eso es imposible, no se lo permite su personalidad ni tampoco el terrible miedo que tiene de que sus lectores y clientes comiencen a pensar en él como lo que realmente es, y es casi seguro que, o de su propia mano o de la de alguno de sus empleados actuales, aparecerá una respuesta ante estas acusaciones. Cuando eso suceda, no se olviden de lo más importante: LA VERDAD ESTÁ ACÁ, EN TIERRA FREAK.